- Tu tampoco me has hablado nunca de tu “amante bandido”…
Deja el portátil encima de la mesa y vuelve al sofá a sentarse conmigo. Ahora soy yo la que me pongo nerviosa, sin entender muy bien porqué. Odio que me pasen estas cosas.
- Pues la verdad es que no hay mucho que contar.
Silencio prolongado.
- Yo creo que te precipitaste un poco. Te sentiste atosigada y le dijiste que sí, no hay más. Es lo mismo que te pasó con el od. Después de aquello yo pensaba que en ese sentido ya habías cambiado… ¿Porqué haces estas cosas? Nunca acabaré de entenderte.
Toma hachazo. Tiene razón, debo de ser gilipollas profunda. Me doy cuenta de la influencia que sigue teniendo sobre mí, lo que hace que me altere y me ponga todavía más nerviosa.
-¿ Se puede saber a que coño viene esto ahora? ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra? No tienes ni idea de como fue todo, asi que mejor te callas. ¿Estamos? y si que le quería, si es ahí a donde quieres llegar.
- Le quisiste después.
Me siento abrumada. Su confianza en si mismo me descoloca, no soy capaz de seguir rebatiéndole. Me levanto y salgo a la terraza, donde me pongo a llorar como una niña. Noto sus manos en mi cintura. Me doy la vuelta y me abraza.
- Perdona. Siempre me meto donde no me llaman.
Me limpio las lágrimas e intento sonreir.
- Es igual, ya está.
- Me gusta como eres.
No puedo evitar mirarle con sorpresa y que se me suban los colores.
- ¿Y cómo soy?
- Sensible pero fuerte… y muy complicada.
Porque los demás solo pasan de largo, mientras que tú te quedas.
Por esto y mucho más, GRACIAS